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Washingtonpost Newsweek Interactive Company y The Washington Post

The Washington Post
Ken Ringle, Reportero de The Washington Post
Miércoles 13 de septiembre del 2000; Página CO1

Lo más cercano a bucear que puede uno encontrarse sin tener que mojarse es viendo "Oasis Marino", la encantadora película Imax que se estrena hoy en el Museo Nacional de Historia Natural. Pero podría uno bucear hasta el otro lado del mundo y nunca ser testigo de la poesía submarina—y la depredación—que esta película sobre el Mar de Cortés documenta tan majestuosamente.

Jacques Cousteau hubiera, sin duda, envidiado la sofisticación cinemática y la elegancia visual con las que, con asombro, el productor-director Soames Summerhays nos lleva a lo largo de la cadena alimentaria, desde las ventiscas de plancton nacido en los arrecifes a los vastos ríos de macarelas y hasta grupos de juguetonas ballenas jorobadas y manta rayas del tamaño de un avión pequeño.

Es el mismo tipo de tema que se toca regularmente en los programas sobre naturaleza de los canales televisivos, pero nunca se ha visto algo igual. Lo que hacen de "Oasis Marino" un baño para nuestros sentidos no es sólo la pantalla Imax, tan grande como una casa, que hipnotiza, o la claridad de joya de las imágenes que se presentan, sino la manera en que todo funciona en conjunto, incluyendo la evocativa música del compositor Alan Reeves.

Empaquemos nuestras aletas y vayamos.

La película con 38 minutos de duración y un costo de 5 millones de dólares, que alternará con "Galápagos" hasta enero en el teatro Imax del museo, se propone hacer por Baja California lo que "Galápagos" hace, con fino estilo, por las famosa islas antidiluvianas de Ecuador. Pero de muchas formás es una mejor película - menos dependiente de los trucos de 3D y las rarezas biológicas.

Por el contrario, lo que celebra esta película es la increíble exuberancia de un ciclo de vida submarino a unos pasos de una de las regiones más sedientas del mundo—un tierra tan reseca que una especie de cactus que vive ahí sólo se reproduce una sola vez cada 300 años.

Es la yuxtaposición de profundidades de 3,000 pies y frías aguas en el Mar de Cortés y el desierto adyacente lo que resalta el carácter distintivo de cada uno y Summerhays nos presenta ambos lugares a través de los ojos de dos científicas mexicanas conmovedoramente cautivadas con esta parte de su país.

Ya sea que esté describiendo la vida de los colibríes de la Baja California, que siguen los brotes de flores hacia el norte como en una "danza con la primavera" o preguntándose si el pez ángel se alimenta de las punzantes medusas porque le gusta "la comida picante" o siendo arbitro de un concurso de eructos entre gigantescos elefantes marinos, Exequiel Ezcurra, un ecólogo del Museo de Historia Natural de San Diego, nos infecta con su fascinación por Baja California.

Aún más divertida es Iliana Ortega Bacmeister, una esbelta naturalista submarina que, mientras nos cuenta que los tiburones necesitan que se les enseñe a respetar al mismo tiempo que se les respeta, alegremente desvía un tiburón gris de arrecife que se le acurruca para comerla.

"¿Ven lo que quiero decir?" dice, sin exhalar casi ninguna burbuja extra.

"Oasis Marino" es una colaboración conjunta del Museo de Historia Natural de San Diego y PRONATURA, una organización mexicana de conservación, que ven a esta película como un importante esfuerzo educativo para ganar el apoyo financiero y del público de México para el ecoturismo y la preservación de la ecología de Baja California.

Michael Hager, director ejecutivo del Museo de Historia Natural de San Diego y también productor ejecutivo de la película "Oasis Marino", dijo que el estreno mundial de la película en Washington será seguido de otro estreno en la ciudad de México y presentaciones en las escuelas de Baja California. El museo ha preparado una versión en español de la película así como apoyos didácticos y otros apoyos de seguimiento que se pueden ver en el sitio electrónico de la película, www.oceanoasis.org.

Los maestros que utilicen "Oasis Marino" se encontrarán con algunas fallas incomprensibles: nunca se nos dice en qué parte de las 700 millas de largo nos encontramos cada vez que se menciona un lugar o qué tan profundo es el Mar de Cortés o qué tan fría es su famosa agua ahí donde se alimenta la mayoría de la vida marina. ¿Qué pasa con la falta de números?

Además, en algunos lugares la narración gira peligrosamente hacia el antropomorfismo de abrazo a las ballenas de las películas de Disney. Pero casi nunca llega a ese punto porque Hager y Summerhays están convencidos de que tenemos que ver cuán compleja e infinitamente fascinante es la vida.

"Está tan apretado aquí abajo que pienso en el arrecife como en una ciudad", dice Iliana Ortega al mostrar un pez vieja bastante bruto atacando a una colonia de erizos mientras que cardúmenes de pepenadores se arremolinan tras las sobras. "Pero en esta ciudad", continúa, mientras que una morena del tamaño de un pitón huye con un pez antenado, "hay que fijarse antes de cruzar la calle".

A los niños les encantará "Oasis Marino", particularmente el momento de más susto cuando las seis resbalosas morenas verdes se retuercen en una cueva, como el peinado nuevo de Medusa. Y ese incidente en la playa cuando tratamos de adivinar si la siniestra víbora de cascabel alcanzará a la rata canguro que está cazando, esa pequeña graciosa y contenta criatura que nunca se da cuenta que la víbora se está metiendo a Su Hoyo y ¡¡¡¡OH, NO, AHORA LA CÁMARA TAMBIÉN ESTÁ EN LA MADRIGUERA Y LA VÍBORA DE CASCABEL VIENE HACIA NOSOTROS!!!!!!

Papá, después de todo quizá mejor no debiéramos ir a Baja California.

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